De profesión, ex nazi

Poco antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, los aliados iniciaron una alocada carrera. Su objetivo era claro: adquirir los conocimientos de Alemania.

Hoy es día de partido, y alrededor del estadio se ha reunido un buen montón de gente. No sabemos cuáles serán los equipos que se enfrentarán, aunque, a decir verdad, tampoco nos importa demasiado. Hemos puesto nuestra atención en otro lugar. Son restos de grandes construcciones y están esparcidos alrededor del estadio.

Se trata del enorme complejo construido por los nazis para la gloria del partido NSDAP. Estamos en Nuremberg, la ciudad elegida por las SS para escenificar sus impresionantes desfiles. El lugar donde se aprobaron las leyes contra los judíos. Precisamente por todo lo que representó esta ciudad, una vez terminada la guerra, fue elegida por los aliados como sede de los tribunales que juzgarían a los nazis.

Muchos jerarcas nazis fueron condenados aquí, lo que supuso la pena de muerte para algunos de ellos. Pero, mientras ante los ojos del mundo se estaba representando ese proceso, otros muchos criminales de guerra tuvieron un destino muy diferente…

Muchos nazis lograron escapar del castigo aliado. España e Italia en un principio, y Suiza en una segunda fase, fueron verdaderos trampolines para su huida. Haciendo escala en esos estados, muchas veces con la imprescindible ayuda del Vaticano, estos nazis consiguieron exiliarse en el cono sur latinoamericano. El doctor Josef Mengele, por ejemplo, vivió sin problemas en Sudamérica durante 33 años. Mengele había cometido horrendos crímenes en diferentes campos de concentración, pero aún así logró evadir la justicia aliada durante toda su vida. Otra suerte muy distinta fue la que tuvo Adold Eichmann. En 1960 el Mossad israelí logró secuestrar en Argentina a este criminal de guerra, siendo posteriormente juzgado y ahorcado en Israel.

Ésta es la historia conocida. Pero se conoce mucho menos el destino de un tercer grupo de nazis.

Paperclip

La carrera por hacerse con los secretos de Alemania dio comienzo poco antes de acabar la guerra, cuando Alemania estaba ya a punto de colapsarse. Norteamericanos e ingleses por un lado y soviéticos por otro se emplearon a fondo para conseguir una serie de conocimientos acumulados por Alemania. Así, con la guerra aún inacabada, grupos especiales de Estados Unidos y el Reino Unido iniciaron una frenética búsqueda
de expertos en codificación y maquinas de cifrado. Eran miembros del recién estrenado grupo TICOM, que tuvo como objetivo principal el hacerse con los secretos criptográficos del Tercer Reich.

Los alemanes habían conseguido romper los códigos secretos soviéticos, y los miembros de TICOM tenían como misión obtener esa información. Y la obtuvieron. Así, durante más de cinco años, los norteamericanos pudieron leer todas las comunicaciones secretas de bando soviético.

El conocimiento de esos códigos supuso una gran ventaja para los occidentales durante los primeros años de la Guerra Fría. Pero, además de esos códigos, los aliados obtuvieron otro tipo de ventaja. Toda la red de espionaje que los nazis habían conseguido incrustar en la Unión Soviética estaba bajo la supervisión de Reinhard Gehlen. De este modo, tanto la información obtenida por los servicios de inteligencia (Abwehr) como la red de espías distribuida por todo el bloque comunista se puso al servicio de los norteamericanos.

De Londres a la luna

Pero la inteligencia no era el único caramelo ansiado por los aliados. Los científicos alemanes habían conseguido unos adelantos asombrosos, y obtener toda esa información era algo vital. Es entonces cuando en Estados Unidos se puso en marcha la operación Paperclip, que tuvo como objetivo el reclutamiento de científicos que habían trabajado para el Tercer Reich. De esta manera, muchos se libraron de una condena perpetua o una pena de muerte, consiguiendo un nuevo empleo al otro lado del Atlántico. Se manipularon a propósito los expedientes militares, “olvidando” por completo cualquier crimen cometido por estos científicos.

Sin lugar a dudas, el caso más conocido es el del científico Wernher Von Braun, director del centro de investigación aeronáutica de Peenemunde. Allí se llevaron a cabo horribles experimentos: aceleraciones extremas, mediciones de respuesta ante la falta de oxígeno, ensayos de grandes presiones… utilizando prisioneros humanos como cobayas. Von Braun fue además el padre de los cohetes V-1 y V-2. Estas armas utilizadas para bombardear Londres fueron, paradójicamente, las precursoras de la tecnología que posibilitaría que la bandera norteamericana llegase a la luna. A Von Braun se le asignó un alto puesto en la NASA, resultando su ayuda imprescindible en la carrera espacial.

Aunque muchos secretos del Tercer Reich van saliendo poco a poco a la luz, las piedras de Nuremberg y de toda Alemania guardar aún numerosas sorpresas. Han pasado ya bastantes años desde que Hitler vociferara desde aquí sus discursos racistas. Pero en el lugar habitual de desfile de las SS el ambiente de hoy es muy distinto. Los jóvenes alemanes disfrutan del skate.

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