Salen a la luz nuevas trazas de contaminación en Garoña

En esta ocasión, han detectado el rastro de un antiguo vertido que no estaba documentado en ninguna parte. En mayo, los operarios se vieron obligados a utilizar un extintor de incendios para apagar unas llamas.

La inspección de la Central Nuclear de Santa María de Garoña ha detectado actividad radiactiva bajo tres contenedores de hormigón que no se habían movido desde 2009. La contaminación apareció en una inspección realizada el 20 de junio, según recoge el acta de inspección publicada este lunes por el Consejo de Seguridad Nuclear.

La contaminación por cesio-137 apareció tras mover los tres contenedores de hormigón. Se detectó una actividad de entre 0,6 y 10 bequerelios por centímetro cuadrado en un área de dos metros cuadrados. En el suelo retiraron una capa de unos 5 cm de profundidad y sacaron de ese área dos bidones de tierra, según refleja el acta

“Aparentemente se trata del rastro dejado por un incidente de derrame de residuo producido hace muchos años del que no queda constancia documental”, se cita en el acta. En los contenedores de hormigón no se detectó actividad radiactiva.

Los contenedores han estado durante ochos años sin ser movidos, situados encima de un antiguo vertido que no está documentado. Esa es, según se alega, la razón por la que ha sido imposible hacer mediciones en ese área para detectar contaminación.

Sin embargo, cuando se detectó esa contaminación, Nuclenor decidió que el suceso no era notificable, argumentando que el incidente se solucionó antes de las 24 horas que establece la regulación en materia nuclear.

Seis días después se produjo otro incidente, con la caída de polvo radioactivo encima de un camión en el que estaban cargando un tanque de procesamiento de residuos en desuso. Según el informe, la contaminación en este caso fue mínima, y limpiaron el camino seguido por el tanque mediante una escoba y un aspirador.

Pequeño incendio

Esa no ha sido, sin embargo, la única irregularidad en recogida en el acta. El 16 de mayo, a las 12:40, hubo llamas cuando los operarios estaban cortando un tanque filtrador. El incidente se produjo en el área en el que se cortan los residuos metálicos. El fuego fue apagado mediante un extintor. Al parecer, los operarios no tuvieron en cuenta que ese filtro tenía una lámina de tela. Tampoco en ese momento los responsables de Garoña consideraron necesario notificar el incidente.

Por otro lado, una semana después de ese incidente, se detectó un pequeño corte en una manguera de una bomba diésel. Esa bomba debería servir para recoger agua del río Ebro y apagar fuegos en caso de incendio. Tras el accidente de Fukushima de 2011, se pusieron en marcha nuevas medidas de seguridad en las centrales nucleares. Según esas nuevas normas, Garoña debería tener dos de esas bombas. Sin embargo, en otra inspección de 2014, el titular de la instalación nuclear argumentó que era suficiente con disponer de una sola bomba porque la central no se encontraba en explotación.

Según ha señalado el inspector, el diámetro de esas mangueras no se correspondía con la normativa contra incendios, y en la documentación faltaban varios certificados. Si bien el acta se publicó el lunes, su fecha es del 27 de julio, cinco días antes de que el Gobierno español anunciara el cierre definitivo de la central.

NOTA: La noticia original fue publicada en la revista Arabako ALEA.

 

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