El Prado que se disfruta leyendo

JUANMA GALLEGO  MARTES 20.08.2013

Empleados del Museo del Prado cuelgan “Los fusilamientos del tres de mayo”. EFE/Fernando Alvarado

Durante los últimos meses el Museo Nacional del Prado ha conseguido traspasar sus propios muros y se ha convertido en protagonista de varias obras literarias de éxito. Si nos ceñimos a su impacto en la cultura escrita, El Prado parece estar más de moda que nunca. Aunque las cifras parecen no respaldar esa especie de aura literaria que rodea al museo.

El periodista Javier García Blanco, responsable del blog Arte Secreto, cree que el hecho de que El Prado se haya convertido en protagonista de novelas y ensayos de éxito es síntoma de un trabajo bien hecho. García Blanco atribuye en parte ese logro a la labor desarrollada por sus responsables a la hora de elaborar su agenda de exposiciones. “Basta con echar un vistazo a los últimos cinco años para descubrir un buen número de exposiciones sobre pinceles de primer nivel –Van Dyck, Rafael, Turner, Chardin, Rubens, etc.– o sobre los tesoros de museos como el Hermitage”, explica. También hallazgos como el de “la otra Gioconda” ha contribuido, en su opinión, a este éxito literario de la pinacoteca madrileña.

Uno de los principales responsables de que El Prado se haya popularizado enormemente es, sin duda, el último trabajo literario del periodista y escritor Javier Sierra. ‘El maestro del Prado’ es, en palabras de su autor, “un viaje a las entrañas del arte, al propósito que ha movido a los grandes maestros a pintar”. Fiel a su tradicional afección al mundo de lo heterodoxo, Sierra deja claro que ese propósito está “muy conectado con lo espiritual, con lo trascendente, con la milenaria creencia de que el arte es un reflejo de esa chispa sublime que está en nosotros y que algunos llaman alma”. El conocido creador de bestsellers que aúnan ficción e investigación cree que el museo tiene ahora una mayor proyección pública gracias a una política de comunicación “mejor y más transparente”.

Sin embargo, no todo son parabienes. El periodista e historiador del arte Peio H. Riaño, autor de ‘La otra Gioconda’, cree que la sensación de que El Prado está de moda no es real. “Los datos hablan de reducción de visitas, aumento de precio en las entradas y recortes en las ayudas públicas a la institución. Si El Prado fuera una figura presente en la vida de los españoles no pasaría por esta situación de recesión”, concluye.

Riaño piensa que, pese a que se han hecho muchos esfuerzos por entrar en las agendas y en los intereses de los españoles, El Prado sigue siendo principalmente “un museo turístico en el que más de la mitad de los visitantes son extranjeros”.

“Quizás la subida de precios haga de este museo una pieza inalcanzable para la situación económica de los españoles”, advierte. Riaño es, desde luego, otro de los responsables de que El Prado haya saltado a los anaqueles. Su obra ‘La otra Gioconda’ recoge más de 20 reportajes con el retrato de Lisa Gherardini como telón de fondo. Un libro que, según Riaño, busca saber más sobre las incógnitas que se han abierto con el descubrimiento de esta nueva Gioconda y sobre su trascendencia iconográfica en la sociedad.

Buscando nuevos horizontes

Hacer frente a las carencias del Prado en época de crisis no parece fácil. Sin embargo, no faltan ideas para revitalizar de alguna manera el veterano museo. Javier García Blanco cree que internet puede jugar un papel importante. “Los responsables del Prado deberían apostar aún más por la difusión de sus fondos a través de Internet, ya sea mediante su propia web o servicios como Google Art Project, bien mediante una mayor interactividad con los usuarios”, propone. El Rijksmuseum puede ser, en su opinión, un buen modelo a imitar, ya que permite a los visitantes crear galerías propias, acceder a imágenes en alta resolución de buena parte de sus fondos, convirtiendo de esta forma al usuario “en algo más que en mero espectador”.

Sierra sugiere también otro espejo en el que mirarse: el Museo Británico. “Su colección permanente es de acceso gratuito, pero constantemente está ofreciendo actividades complementarias que ayudan a su financiación”, explica. También cree necesaria una buena gestión de las donaciones para el mantenimiento del museo. “Claro que para eso haría falta una Ley de Mecenazgo a la altura de los países del primer mundo, y eso no ha llegado aún”, se lamenta.

Peio H. Riaño considera que es necesaria “una buena estrategia de comunicación, divulgación y educación desde el museo, pero sobre todo desde el Ministerio de Cultura, así como las Comunidades Autónomas y Ayuntamiento de Madrid”.

Obras escogidas

Moda o no, lo cierto es que El Prado ofrece mil y una excusas para embarcarse en una aventura de varios siglos de arte y belleza. Wadi ha pedido a estos especialistas que elijan dos, y solo dos, de entre las obras menos conocidas de los fondos de la pinacoteca madrileña.

Riaño se confiesa impresionado, “tanto como el primer día”, por las Pinturas Negras de Goya, a pesar del “brutal ejercicio de conservación” que realizó Martínez-Cubells para despegar las pinturas de las paredes de la Quinta del Sordo. “Siguen siendo un gran paradigma de la visión más personal que tenía Goya del mundo y del ser humano”, argumenta. También invita a ver “con ojos nuevos” la vieja Gioconda, renacida como Mona Lisa. Se trata de una “pieza única a la que el museo todavía no ha sabido otorgar una dimensión pública a su altura”, asegura Riaño.

Sierra se decanta por ‘La Última Cena’ de Juan de Juanes y ‘La Gloria’ de Tiziano. Ambos esconden “secretos vinculados con lo trascendente” que ha tratado de compartir con los lectores de su libro.

García Blanco elige el ‘Autorretrato de Sofonisba Anguissola’, por ser “una de las tres únicas pinturas realizadas por una mujer que están expuestas al público en la pinacoteca madrileña”.‘Alegoría de la vista’, realizada por Jan Brueghel el Viejo en colaboración con Rubens, es su segunda elección. “Se trata de un magnífico testimonio del desarrollo tecnológico de la época”, destaca, pues aparece representado uno de los primeros telescopios keplerianos.

Estas seis obras, al igual que otras muchas de las cerca de 1.300 pinturas que se exponen en El Prado, son desde luego la mejor excusa para acercarse a la centenaria pinacoteca madrileña. Pero si la visita se realiza con un buen libro bajo el brazo, la experiencia será sin duda aún más placentera.

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