La fórmula romana contra el calentamiento global

El hormigón que empleaban los romanos era más duradero y ecológico que el utilizado en nuestros días. Esa es al menos la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores de la Universidad de Berkeley, en California.

El equipo, liderado por el ingeniero Paulo Monteiro, ha estudiado la fórmula empleada por los romanos en la construcción de varios puertos a lo largo de todo el Mediterráneo. Se trata de unas obras de ingeniería que han perdurado hasta hoy y que además se han conservado de forma espectacular.

El cemento más frecuentemente utilizado durante la edad contemporánea apenas resiste cincuenta años bajo el agua. Los cementos elaborados en la actualidad están diseñados para duplicar esta duración. Aún así, la mayoría de las construcciones submarinas que utilizan este tipo de cemento comenzarán a deteriorarse de forma irremediable en uno o dos siglos.

“Se trata de cementos muy diferentes”, explica Monteiro desde Berkeley por correo electrónico. “El hormigón moderno usa cemento Portland, que se produce combinando arcilla y caliza a una alta temperatura. El hormigón romano utilizaba cal (óxido de calcio) y puzolana, una ceniza volcánica”.

La elaboración del cemento utilizado como aglutinante del hormigón requiere calentar esa mezcla de caliza y arcilla hasta una temperatura de 1450 grados centígrados, en un proceso en que se generan grandes emisiones de carbono. Los autores del trabajo aseguran que la fabricación de cemento estándar representa el siete por ciento de las emisiones globales de carbono.

En la mezcla utilizada por los romanos, sin embargo, tan solo es necesario calentar la caliza a unos 900 grados o incluso a una temperatura inferior. El secreto reside en la utilización de estas cenizas volcánicas, que al reaccionar con el agua del mar ayudan a dar estabilidad a la mezcla.

Los investigadores han analizado de este cemento para conocer la fórmula empleada por los romanos. En concreto han estudiado una muestra del año 37 antes de Cristo, extraída de un dique romano situado en Pozzuoili, en el norte de la bahía de Nápoles, lugar en el que los romanos extraían estas cenizas volcánicas y que precisamente da nombre a las puzolanas.

Algunos tipos de cemento ecológico ya incorporan desde hace tiempo puzolanas similares al polvo de ceniza utilizado por los romanos. Precisamente en Arabia Saudí, país que ha financiado en parte el estudio de Berkeley, hay grandes depósitos de este material de silicio.

“No estamos proponiendo utilizar en nuestros días hormigón romano”, aclara Monteiro. “Lo que sugerimos es que debería utilizarse más material de puzolanas  junto al cemento Portland, combinando de esta forma las tecnologías antiguas y modernas”, concluye.

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