Esperando la tormenta solar perfecta

Llamarada solar en 2003. Fuente: NASA
“La tormenta geomagnética ha terminado. Las observaciones de las eyecciones de masa coronal y los modelos de esta erupción solar no han tenido precedentes“. El pasado 19 de febrero el Centro de Predicción de Meteorología Espacial de la NOAA finalizaba de esta forma tan gráfica el seguimiento científico de la mayor explosión solar de los últimos cuatro años.
La explosión de radiación solar, que se produjo 15 de febrero a las 0156 UTC, alcanzó la categoría X2.2 en la escala de medición de tormentas solares. La categoría X recoge los eventos más energéticos en la actividad de nuestro sol.
Una erupción solar produce radiaciones que abarcan todo el espectro electromagnético, desde ondas de radio hasta rayos gamma. La intensa radiación solar llega a la tierra en tan solo ocho minutos, afectando a nuestra atmósfera. Pero son las partículas de alta energía, que llegan una hora después, las que pueden poner en riesgo los satélites artificiales. Entre uno y cuatro días después llega la eyección de masa coronal, generando auroras y tormentas geomagnéticas en nuestro planeta.
La explosión fue registrada por los satélites SDO y SOHO, pertenecientes a los principales programas de estudio de la actividad solar.
Preocupación entre los científicos
Aunque importante, la tormenta solar de febrero no ha llegado a la intensidad de la que se produjo en noviembre de 2003, cuando se registró una explosión catalogada como X28, la mayor registrada hasta la fecha mediante instrumental científico. Pese a su magnitud, esa explosión solo produjo perturbaciones en algunos satélites y en sistemas de navegación aérea.
Fue en 1859 cuando tuvo lugar la que está considerada como la mayor tormenta solar de la historia reciente. La tormenta produjo auroras en zonas como Madrid o Cuba y cortes en las incipientes comunicaciones telegráficas.
Pero los mundos de 1859 y 2011 son muy diferentes. Por ello, los científicos trabajan en la predicción de este tipo de eventos que podrían afectar muy negativamente a nuestras sociedades del siglo XXI, fuertemente dependientes de sistemas de posicionamiento global como el GPS o de las comunicaciones vía satélite.
Las tormentas solares han sido uno de los puntos de debate en el encuentro anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Los científicos se preparan para lo peor. “El debate no es si se va a producir o no, sino simplemente de cuándo y cómo de grande va a ser” en palabras de Jane Lubchenco, directora de la NOAA, recogidas por el diario Toronto Star.
La Administración Nacional para el Océano y la Atmósfera (NOAA) dispone de un departamento especializado en la predicción meteorológica espacial (Space Weather Prediction Center). Este centro utiliza para ello mediciones de satélite y observatorios en tierra. De forma similar al método de trabajo de la meteorología terrestre, se emplean métodos numéricos para detectar patrones que ayuden a prever los fenómenos y poder adaptarse a ellos.
Actualmente la predicciones de meteorología espacial son usadas ampliamente en la elaboración de alertas sobre formación de auroras polares, pero también se utilizan para el redireccionamiento de satélites o para efectuar modificaciones de ruta en los vuelos árticos.
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