Queremos saber más. Necesitamos saber más

Imagen: Juanma Gallego (CC BY-NC-ND 3.0)
La tierra es un sistema en delicado equilibrio: litosfera, atmósfera, hidrosfera, criosfera y biosfera son partes esenciales de un todo que configura una de las maquinarias más precisas y apasionantes de nuestro universo conocido.
A lo largo del planeta miles de científicos e investigadores se afanan en comprender este sistema. Dos son las razones principales: porque queremos saber más y porque necesitamos saber más.
Nuestra terca costumbre de saber más no es ninguna novedad. Siempre lo hemos querido. El homo sapiens tiene una imperiosa necesidad de ir más allá. La evolución premió a los curiosos, a aquellos que buscaron nuevos horizontes y nuevas soluciones. Es lo que nos distingue a los humanos de las cucarachas y de las medusas.
Pero también necesitamos saber más. Por la cuenta que nos trae. El simple instinto de supervivencia debiera ser suficiente motivo para evitar el ecocidio que cometieron numerosas civilizaciones que nos precedieron. No se trata, pues, de simple amor a la tierra ni de un trasnochado altruismo hippie. Se trata de pragmatismo y de necesidad. Y es que el planeta no nos necesita. Los estudios sobre las distintas extinciones masivas que se han producido a lo largo de la historia geológica demuestran que nadie es realmente necesario para que las cosas sigan su rumbo. El planeta se repondría a una catástrofe tarde o temprano. Por eso, conocer el funcionamiento de nuestro planeta es fundamental para nuestra supervivencia como especie.
Por otro lado, ignorar cómo se relaciona el ser humano con su planeta supone quedarse ciegos ante la actualidad informativa internacional. En el mundo se está jugando una apasionante partida de geoestrategia de la que pocas veces somos conscientes. El deshielo del Ártico está haciendo sacar las garras a los diferentes estados con intereses en el reparto de ese pastel congelado. Las rutas comerciales pueden cambiar por completo debido a este mismo fenómeno. Canadá horada su suelo en busca de arenas bituminosas ahora que el petróleo está por las nubes. Los nódulos de manganeso depositados en los fondos marinos están abriendo las puertas de una nueva minería submarina que en breve hará palidecer a los más imaginativos autores de ciencia ficción. Mientras, China se aferra al control estratégico del mercado de las tierras raras, ese grupo de elementos de la tabla periódica que hacen posible el funcionamiento de tu móvil y que serán esenciales para el coche que compres dentro de cinco años. De la misma forma que Venezuela maneja petrodólares, Bolivia se está preparando para manejar sus litiodólares. El mercado del uranio vuelve a estar en auge mientras todos miran con anhelo a la nueva tecnología del torio. El subcontinente indio puede ser una bomba de relojería cuando millones de personas sufran aún más escasez de agua debido al agotamiento de las reservas que provocaría la desaparición de los glaciares del Himalaya. Lo más preocupante es que este no será sino uno de los muchos capítulos que las guerras climáticas que tenemos a las puertas.
Conocer el planeta y nuestra relación con él es, por tanto, una aventura y una necesidad. Vaya aquí nuestro pequeño granito de arena a esta apasionante empresa.
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