Balas contra Wojtyla

Los magnicidios, tanto si han resultado exitosos como si han fracasado, siempre han despertado las sospechas del pueblo llano. A las personas del montón nos resulta poco creíble que las acciones para acabar con personajes que manejan una cantidad considerable de poder e influencias se deban a la chaladura de algún perturbado.

Esas sospechas se acrecientan cuando están medianamente fundamentadas. Pese a ello, las versiones oficiales se mantienen inmutables. Aún hoy, fíjate cómo está el patio, hay quienes sostienen que Kennedy fue asesinado por un chalado que disponía de una bala milagrosa. Suele tratarse de gente acostumbrada a digerir mentiras (como tú, como yo y como todos), pero que es capaz de defender esas mentiras que le cuentan como una verdad inmutable.

El intento de magnicidio que nos interesa ahora es el que desarrolló un 13 de mayo de 1981, cuando el turco Ali Agca disparó cuatro veces contra Juan Pablo II. Agca accedió al Vaticano tras un camino de rosas: condenado por asesinar al director de un diario progresista en Estambul, logró escapar de una cárcel de alta seguridad y se paseó durante dos años por toda Europa sin ningún problema mientras planeaba el magnicidio.

En esta ocasión se dio el proceso contrario. Agca no fue presentado ante el mundo como un simple chalado. Se oficializó la versión conspirativa. A falta de una versión oficial y consensuada, pasados 24 años, aún hoy se mantiene en pie la versión oficiosa: el KGB intentó retirar del mapa a un Papa molesto. Para ello “subcontrató” al servicio secreto búlgaro, quien finalmente recurrió a Agca, la mano ejecutora de la conspiración soviética.

Esta versión siempre me ha recordado a los ñoños pero entrañables capítulos de la serie “Se ha escrito un crimen”. Esta serie estaba protagonizada por una anciana bastante gafe: lugar por donde pasaba, lugar donde había un fiambre. Y tras el crimen, siempre aparecía alguien que despertaba todas las sospechas. Acostumbraba a tener cara de malo, con perilla y todo.

Parece una regla de oro de la criminología popular: el principal sospechoso es quien tiene motivos para ver al muerto bien muerto. En nuestro caso, el sospechoso lógico es el KGB.

El gobierno búlgaro actual niega cualquier participación de sus servicios en la trama contra el pontífice. Pese a desclasificaciones e investigaciones, aún nadie ha presentado una prueba concluyente de que Agca fuera dirigido por los búlgaros ni por los soviéticos.

Una Virgen estratega

Juan Pablo II, desde el mismo momento de su elección, jugó un importante papel en el devenir político del siglo XX. Mediante una divina combinación de oración, reuniones semanales con la CIA y financiación ilegal del sindicato polaco Solidaridad, Wojtyla puso su gran granito de arena en la desmembración del denominado “bloque comunista”.

Fue una cruzada inspirada muchos años atrás, cuando la mismísima Virgen María, preocupada por la geopolítica del siglo XX, decidió tomar cartas en el asunto, descendiendo al mundano mundo y advirtiendo a unos pastorcillos de Fátima sobre las maldades del comunismo.

Pero el periodista norteamericano Gordon Thomas ha planteado recientemente una nueva vía de investigación. Según sus informaciones, el Mossad israelí consiguió manipular a Wojtyla, suministrándole “pistas” sobre el verdadero origen del atentado: detrás de la mano ejecutora de Ali Agca se encontraría el propio ayatolá Jomeini, el mentor de la revolución islámica persa. Según el discurso mantenido por el Mossad, Agca habría sido entrenado en Irán para acabar con la vida de Wojtyla.

Siguiendo la argumentación de Thomas, el servicio secreto israelí consiguió así moderar las simpatías que Wojtyla mostraba hacia la causa palestina y hacia el mundo musulmán en general, logrando a su vez credibilidad en un Vaticano que aún no había reconocido diplomáticamente al estado de Israel.

Esté quien esté detrás de la mano de Agca, está claro que la fecha del atentado (aniversario de las apariciones de Fátima) no fue elegida al azar. Personalmente, no logro entender en qué benefició la elección de esa fecha tan señalada a los ateos comunistas o a los infieles islamistas persas.

O quizás, quién sabe, la fecha fue hábilmente elegida por la inmaculada mano de la Virgen de Fátima, también conocida como la Virgen estratega, aquella que logró desviar las balas asesinas de Ali Agca y que estudió con tanto acierto la forma de acabar con el ateismo soviético.

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