Cincuenta buenas excusas para ir más allá de los tópicos

JUANMA GALLEGO  VIERNES 14.03.2014

Enrique Echazarra (Vitoria, 1970) es uno de esos personajes todoterreno al que la verdad nunca le estropea un titular. Lleva más de dos décadas persiguiendo el misterio con un espíritu crítico, pero dejándose contagiar por las buenas historias que empañan ciertos lugares. Gracias a una concienzuda labor de investigación, contribuyó a desmontar varios mitos construidos o directamente inventados en relación al despoblado alavés de Ochate, conocido por ser un polo de atracción para aquellos que buscan emociones fuertes en torno a lo sobrenatural.

De su empeño en seguir el rastro de la tradición nació su primer libro, “Crónicas de brujería”, dedicado a explorar la historia oculta de aquellas personas que fueron perseguidas e incluso asesinadas bajo la acusación de estar en convivencia con Satanás. Ahora amplía su paleta de colores con el libro “50 lugares mágicos del País Vasco”, una cuidada selección de rincones de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa en los que historia y leyenda se entremezclan con naturalidad para aquellos que se acercan a ellos sin los ojos cerrados por los prejuicios de la ortodoxia. El libro se añade a una colección de la editorial Cydonia que reúne títulos similares dedicados a Andalucía, Aragón, Asturias y Galicia.

Echazarra reconoce que partió con ventaja cuando recibió la propuesta que le hizo llegar el editor Carlos Fernández para escribir el libro. Y es que llevaba años recopilando material por distintos lugares insólitos del País Vasco. Cuevas, ermitas, Iglesias, monasterios, monumentos megalíticos y casonas son fuente inagotable de leyendas y tradiciones. Dado que no partía de cero, Echazarra pudo contar con la perspectiva suficiente para poder elegir las historias más sorprendentes y desconocidas.

“Llegas persiguiendo misterios, y acabas enganchado a las tradiciones del lugar”, explica el autor desde Vitoria. Echazarra pone como ejemplo a Juan Díaz de Garayo, llamado “el Sacamantecas”, como un caso prototípico en el que un personaje real, que fue uno de los primeros asesinos en serie conocidos, pasa a ser el germen de numerosas leyendas a lo largo del territorio alavés.

La legión cristiana de Álava

La provincia alavesa también esconde entre sus llanadas y montañas algunas tradiciones sorprendentes desconocidas, como la que hace referencia a los restos de una legión romana.

Muy cerca de Vitoria, en la sacristía de la iglesia de Martioda, hay una serie de pequeños retablos donde se conservan cráneos y otros restos humanos. “Según la tradición, pertenecieron a la llamada Legión Tebana”, dice Echazarra. “Se trataba de unos soldados cristianos procedentes de Egipto en el año 286 de nuestra era fueron ajusticiados por el emperador Maximiano porque se negaron a acatar sus órdenes de aniquilar a aquellos que no se querían convertir al culto romano. De esta forma se convirtieron en algunos de los primeros mártires cristianos”. A Enrique Echazarra le resulta especialmente significativo el hecho de que una historia como esa acabe llegando a un pequeño pueblo alavés. “Los historiadores locales explican que probablemente se trate de restos de los Hurtado de Mendoza, porque en Martioda hay una torre de esa familia noble alavesa”, aclara el autor.

No es el único resto macabro de la provincia al que la tradición busca un origen singular. También en la localidad alavesa de Bujanda se conservan unos restos atribuidos a San Fausto. “La historia de cómo llega a Álava se repite en otros lugares de España con otros santos”, relata. “Cuando esa persona fallece, y para que los pueblos de la zona no se disputen su cuerpo, deciden montarlo encima de una burra para que su sepultura quede establecida en el lugar en el que el animal caiga reventado”. De esta forma, y según la tradición, aquella burra recorrió la distancia entre Tarragona y Álava con el cuerpo de San Fausto a sus lomos.

Estos casos concretos le valen de excusa a Echazarra para relatar el tráfico de reliquias que hubo en cierta época en las que desde Roma se repartieron por toda la cristiandad una gran cantidad de restos humanos. “Si uno se pone a recopilar los presuntos restos de santos, a algunos les corresponden dos cabezas y cinco brazos”, bromea.

Como no podía ser menos, el libro recoge también muchas tradiciones relacionadas con la mitología vasca. Desde la historia del dragón o “herensuge” que aterrorizaba a los vecinos de la localidad guipuzcoana de Arrasate-Mondragón –cuya etimología parece precisamente relacionada con el “monte del dragón”- hasta los restos atribuidos a los gentiles, unos seres mitológicos de fuerza increíble que desplazaban las piedras a través de las montañas y a los que la tradición atribuye la construcción de dólmenes y otros monumentos megalíticos repartidos a lo largo de la geografía vasca.

Brujas, lamias y aparecidos son algunos de los otros muchos personajes que respiran gracias a las páginas de este libro planteado a modo de guía y que será un gran aliado a la hora de planificar las excursiones a estos enclaves de excepción. Además, todos los lugares se encuentran identificados con coordenadas de GPS para poder acceder a ellos con facilidad. De esta forma, la posibilidad de perderse en estos parajes será una opción individual y no un contratiempo. Un vez localizado el sitio, y con la valiosa información de Echazarra entre manos, no será difícil apreciar y disfrutar de aquello que habitualmente no se ve a simpe vista. Y de estar atentos, por qué no, a aquello que nos puedan explicar los lugareños y descubrir así “nuevas viejas” historias.

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