Tornados, un cóctel meteorológico de alto riesgo

Cuando dos masas de aire que se encuentran a una presión muy desigual chocan, las cosas pueden comenzar a complicarse para quienes se encuentran en su cercanía.

Si la diferencia de presiones es la suficiente, la recién formada tormenta puede generar una columna giratoria de viento que se extiende hasta tocar tierra. En esos momentos se desencadena uno de los fenómenos más violentos de la naturaleza. Una columna de aire capaz de llevarse por delante todo lo que encuentre a su paso. Un tornado.
Se trata de un riesgo al que se enfrentan especialmente quienes habitan en Estados Unidos, sobre todo en las grandes planicies que se extienden entre las montañas Rocosas y los Apalaches. Pese a que los tornados pueden producirse en cualquier otra parte del mundo, con la única excepción de la Antártida, estos violentos fenómenos son especialmente frecuentes en esa zona. Allí factores geográficos y meteorológicos se conjugan a menudo en un cóctel de alto riesgo.
Cuando estas extensas planicies se calientan, el aire asciende dejando un vacío que es ocupado por el aire circundante. Como en cualquier otro lugar de la tierra, el espacio que deja esa masa de aire es ocupado por las masas de aire adyacentes. Pero aquí las masas de aire que ocupan el vacío son tan formidables que el resultado puede llegar a ser devastador. El aire húmedo y caliente del Golfo de México choca con las masas frías y secas que descienden desde las montañas rocosas. Cuando esas masas de aire gigantes y antagónicas entran en contacto se desencadena la tragedia.
Hace menos de siglo tuvo lugar el tornado más devastador del que se tiene constancia. El 18 de marzo de 1925 se produjo el llamado tornado de los tres estados. Fue un fenómeno meteorológico realmente extraordinario que estuvo en contacto con la superficie durante unos 249 kilómetros, arrasando a su paso unos 425 kilómetros cuadrados a lo largo de los estados de Missouri, Illinois e Indiana. Su velocidad media fue de unos 100 kilómetos a a hora, cuando la velocidad media habitual de la mayoría de los tornados suele situarse en torno a unos 50 kilómetros por hora.
Además, ese tornado inusual avanzó en línea recta, cuando lo habitual es que el tornado tenga una trayectoria curva. Eso dificultó la tarea de predecir su avance. Conforme se acercaba hacia ellos, muchas personas ni siquieran fueron conscientes de que aquello que se acercaba era uno de los tornados más devastadoresa los que jamás se había enmfrentado el ser humano. El frente, de un kilómetro de anchura, era tan enorme que muchos lo confundieron con una tormenta.
Fueron tres horas de auténtica pesadilla. El recuento de víctimas confirmó que el de 1925 fue el tornado más desastroso al que se había enfrentado nunca el ser humano: 695 fallecidos y más de 2000 heridos.
Los recientes tornados que han afectado al estado de Oklahoma, pese a su espectacularidad, no son, pues, algo extraño para sus habitantes. La moderna tecnología ha posibilitado contar con alertas y refigios, pero aún así lamentablemente el tiempo de respuesta del que se dispone es muy escaso. Como en todo lo que se refiere a los riesgos naturales, la investigación y la prevención son las únicas vías para minimizar al máximo los riesgos naturales. La NOAA tiene en marcha desde hace algunos años el proyecto Vortex para conocer mejor cómo se generan estos catastróficos eventos. Del trabajo de estos profesionales dependerá en buena medida el futuro de muchos seres humanos.

Imagen: Proyecto Vortex2- NOAA/NSF

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