La fuga de Alcatraz: cincuenta años de misterio

Alcatraz

A las siete y media de la mañana del 12 de junio de 1962 uno de los guardias de la prisión se acercó a una celda. El preso que la ocupaba no se había despertado. Extrañado, el guardia introdujo su porra entre los barrotes y dio un ligero toque en la cabeza que sobresalía de entre las sábanas con la intención de despertarlo. Al instante, la cabeza cayó rodando al suelo. Horrorizado, el agente pensó que alguien había decapitado al preso. Pero pronto se dio cuenta de que está equivocado. No era una cabeza humana real, sino un burdo montaje: era una cabeza de postín. Inmediatamente dio la voz de alarma, que se extendió como la pólvora por las instalaciones de la que era considerada en ese momento como la prisión más segura de los Estados Unidos. Alguien se había fugado de Alcatraz.

La noche del 11 de junio de 1962, los presos Frank Lee Morris y los hermanos John y Clarence Anglin escaparon de la prisión de Alcatraz y alcanzaron las frías aguas de la Bahía de San Francisco. Es cuanto se sabe de ellos, porque a partir de ese momento se les perdió la pista para siempre. Cincuenta años después de su espectacular huida nadie sabe a ciencia cierta si los prófugos lograron alcanzar la libertad o si perecieron ahogados en las aguas de la bahía.

Morris, el cerebro del grupo, tenía claro que intentaría la huida desde el mismo momento en el que pisó Alcatraz por primera vez. Enseguida reparó en un ventilador del techo que no estaba sellado con cemento y urdió un plan de escape junto a los hermanos Anglin y el preso Allen West. Si lograban llegar hasta el ventilador, sería fácil desmantelarlo y acceder a la azotea de la prisión. Pero el camino para llegar hasta el techo no era fácil. Para alcanzarlo debían llegar a las tuberías que conectaban sus celdas con el sistema de ventilación. Los habitáculos tenían una pequeña reja metálica de 13 por 24 centímetros, por lo que para poder atravesar el estrecho agujero tenían que agrandarlo sin que los guardias ni los otros presos se dieran cuenta.

Los cuatro cómplices llevaron a cabo su meticuloso plan en absoluto secreto durante al menos seis meses. Poco a poco se hicieron con utensilios de la prisión para ser utilizados como herramientas. Pasaron días y noches abriendo un agujero en la rejillas de ventilación utilizando cucharas afiladas como únicas herramientas. Para disimular el butrón, elaboraron unas falsas rejillas a base de cartón y cigarrillos.

Pero lo que dio al plan el toque maestro fue la creación de maniquíes con elaboradas cabezas a base de alambre, escayola, jabón y pelo humano que uno de los hermanos Anglin había hurtado mechón a mechón de la barbería de la prisión.

Sin embargo, el principal obstáculo al que debían hacer frente los reos era la propia bahía de San Francisco, con sus gélidas aguas y fuertes corrientes marinas. Años antes otros presos habían logrado escapar y llegar a las aguas de la bahía, pero habían perecido ahogados. Los tres protagonistas de este nuevo intento de fuga lo sabían, y por eso pusieron mucho cuidado en una idea que diferenciaría su huida de los otros intentos: a base de impermeables y otros elementos construyeron una lancha y chalecos salvavidas para sortear las corrientes.

Celda de Alcatraz

Sin noticias hasta hoy

Tras el conteo de las nueve y media de la noche, los reos se pusieron en marcha, accediendo a las tuberías de ventilación. Sin embargo, mientras que Morris y los Anglis lograron pasar a través del agujero de sus celdas, Allan West no consiguió traspasar su agujero. Los tres siguieron su plan sin el cuarto cómplice, que más tarde rebelaría al FBI muchos de los detalles del plan de huida. De esta forma, Morris y los Anglin alcanzaron la azotea de la prisión y, sorteando la estrecha vigilancia, llegaron hasta el agua.

En los interrogatorios posteriores Allan West afirmó que el plan consistía en alcanzar la Isla del Ángel como punto intermedio y luego intentar llegar al continente, donde robarían un coche para salir de la zona.

El FBI, unidades del ejército, los guardacostas e incluso agentes de la policía local peinaron la zona desde la misma mañana de la desaparición, pero no hallaron ningún indicio que diera pistas sobre la suerte de los tres prófugos.

Quienes consideran que los delincuentes no lograron salir con vida de la bahía de San Francisco esgrimen el argumento de que no se denunció ningún robo de coches, contrariamente al plan original rebelado al FBI por el cuarto cómplice. También argumentan que no hubo denuncias de delitos posteriormente, algo extraño en los delincuentes, que habitualmente reinciden en sus fechorías.

Sin embargo, tampoco hay ninguna prueba que demuestre que los tres presos murieran. Cinco semanas después de la fuga, un carguero noruego informó del avistamiento de un cadáver en las aguas de la bahía y ocho meses más tarde apareció un esqueleto humano en el cabo de Point Reyes, a unos cincuenta kilómetros de San Francisco. Pero ninguno de estos indicios pudo atribuirse con seguridad a alguno de los fugados.

Además, pese a que tras la fuga se aseguró que no se habían encontrado restos de la balsa utilizada por los prófugos, un memorando recientemente desclasificado por el FBI habla de los restos de una balsa encontrados en la Isla del Ángel, precisamente el punto al que habían planeado llegar Morris y los hermanos Anglin. Quienes la examinaron, sin embargo, no vieron relación entre esta balsa y los prófugos.

Pese a que en abril de 2011 el FBI desclasificó más de 1700 folios de información sobre el incidente, esta información no ha revelado información esencial para los investigadores. El FBI cerró el caso en 1979, considerando que los tres huidos habían perecido en el intento. Sin embargo, los US Marshalls, los alguaciles estadounidenses que se dedican a la búsqueda de fugitivos, no han dado por cerrado el caso, al  no haber hallado pruebas de su muerte. Solo cuando los fugitivos cumplan cien años. Esto significa que el caso continuará abierto al menos hasta el año 2031, fecha en la que cumpliría cien años Clarence Anglin, el más joven de los tres.

Durante más de 29 años, la prisión de Alcatraz fue la tumba en vida de los más peligrosos criminales de los Estados Unidos. Por sus instalaciones pasaron delincuentes tan famosos como Al Capone, George “Machine Gun” Kelly o Robert Stroud, conocido como “el pajarero de Alcatraz” debido a su afición a la cría de canarios.

Conocida como “la isla del diablo”, las condiciones de vida de sus presos eran las más duras del sistema penitenciario norteamericano. Los reclusos eran estrechamente vigilados por unos 90 guardias fuertemente armados que realizaban doce conteos de presos al día. Frente al ratio habitual en otras prisiones del país de más de doce internos por cada guardia, Alcatraz contaba con un guardia para cada tres presos. Dentro del llamado “bloque D” existían algunas celdas especialmente crueles donde se confinaba a los presos a los que se había impuesto aislamientos. Una de las celdas era especialmente conocida por su dureza. En ella el preso era introducido desnudo y abandonado en la más absoluta oscuridad. En la celda solo había un agujero en el centro del suelo por donde hacer las necesidades y al reo solo se le proporcionaba un colchón para dormir a la noche.

Galerías de Alcatraz

De fortín militar a prisión de alta seguridad

El islote fue bautizado en 1775, cuando el explorador español Juan Manuel de Ayala, quien a bordo del San Carlos exploraba California bajo el mandato del virrey de Nueva España Antonio María Bucarelli y Ursúa. Ayala no encontró demasiado interés en el desolado islote, limitándose a bautizarla como Isla de los Alcatraces, en referencia a las numerosas bandadas de aves que anidaban en la roca.

Y es que la situación de la isla no era demasiado apetecible para su ocupación. Se trataba básicamente de un pedazo de tierra de no más de nueve hectáreas, aislado en el medio de la bahía de San Francisco, flanqueada por unas peligrosas corrientes de agua muy frías.

Esas condiciones extremas fueron un factor decisivo para los militares del ejército de los Estados Unidos, que pronto vieron en ella un lugar estratégico para situar un fortín militar. A partir de 1847 instalaron en la isla baterías de cañones destinados a proteger la bahía de San Francisco. Además de fortificar “la roca”, como empezó a ser conocida, los militares construyeron en ella el primer faro de la costa del Pacífico.

Al año siguiente estalló la famosa fiebre del oro, con lo que la necesidad de un punto de defensa en California tomó aún más sentido en la mente de los mandos militares. El Gobierno de los Estados Unidos quería asegurarse así la protección de una California bañada en oro.

En unas pocas décadas, sin embargo, los nuevos avances en balística y armamento hicieron que la función defensiva de Alcatraz quedara obsoleta. Fue entonces cuando quedó claro que el aislamiento de “la roca”, unido a las condiciones de las aguas que la circundaban, constituía un magnífico emplazamiento natural para una prisión de alta seguridad. De esta manera, lo que en un principio fue un fortín militar pasó a convertirse en una de las cárceles más famosas del mundo. Alcatraz estaba situada a tres kilómetros de la costa, rodeada de fuertes corrientes y de unas aguas extremadamente frías y plagadas de tiburones. Pocos podrían aventurarse a escapar de esta prisión.

Sin embargo, a lo largo de su dilatada historia como cárcel, 36 prisioneros intentaron lo imposible. Los 14 intentos de fuga acabaron con 23 detenidos, 6 presos abatidos y cuatro ahogados en las frías aguas de la bahía de San Francisco. Sólo en el caso de Morris y los hermanos Anglin existe la duda sobre si realmente consiguieron su propósito.

Tras 29 años como prisión, Alcatraz cerró sus puertas el 21 de marzo de 1963, pocos meses después de la huida de los tres presos. La fuga de Morris y los Anglin había puesto en duda la seguridad de una prisión cuyo mantenimiento era además el más costoso de todas las cárceles del país. Tras integrarse en el Parque Nacional Golden Gate en 1972, hoy la isla de Alcatraz está gestionada por el Servicio de Parques Naturales de los Estados Unidos y recibe anualmente un millón de visitantes.

Alcatraz

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8 comentarios sobre “La fuga de Alcatraz: cincuenta años de misterio

  1. Parece que no hay datos exactos y corroborados por las autoridades norteamercinos de que nadie se pudo librar de Alcatraz, porque esas dudas sobre los presos fugados,no me convencen.¿ Alguién podría decirme algo más convincente?. Gracias.

    1. Los familiares mostraron fotografías, tarjetas y cosas así que comenzaron a mandar años posteriores a su huída. No llevaban dirección ni nada así. Fueron dejados por alguien. Huyeron a Sudamérica, cambiaron su nombre y apariencia y un amigo de la familia se los encontró en Brazil. Era el único que sabía en dónde se encontraban.

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