Los peligros de la fracturación hidráulica

Documental ‘Gasland’  Imagen: © International WOW Company
Una plataforma de perforación. Enormes cantidades de agua, vapor a presión y ciertos ciertos compuestos químicos que la industria mantiene en secreto. Se genera un pequeño terremoto que consigue hacer estallar la roca a cientos de metros de profundidad. El gas natural atrapado en ella surge de las entrañas de la tierra y alimenta los gasoductos de la empresa que explota el preciado yacimiento.
Se trata de la fracturación hidráulica, una polémica técnica de extracción de gas que está haciendo furor entre las petroleras de medio mundo. En teoría, el futuro se presenta prometedor: Occidente ya no tendrá que revisar sus hipotecas con el gas ruso ni buscar excusas para promover la democracia en Irán. Porque las reservas estimadas de gas se han multiplicado y ahora casi parecen estar al alcance de cualquiera.
El gas natural ha tenido en los últimos años un auge inusitado dentro de los recursos energéticos. Su menor generación de CO2, así como su quemado relativamente rápido y limpio han convertido a este hidrocarburo en una alternativa cada vez más demandada por la industria energética. Sin embargo, las grandes bolsas de gas están concentradas en unos pocos países que las explotan en vertical, una forma de explotación fácil y barata.
En los últimos años, sin embargo, se está produciendo el boom del shale gas o gas de esquisto. Las nuevas técnicas de explotación han generado un boom gasístico inimaginable hace unas décadas. Las perforaciones se hacen en horizontal o inyectando agua y compuestos químicos a presión.
Esta forma de obtener gas, sin embargo, está provocando una enorme polémica, especialmente en Estados Unidos, que es el país que está viviendo más intensamente la fiebre del esquisto.
El debate en torno a la fracturación hidráulica se ha incrementado aún más gracias a la difusión del documental Gasland, del director Josh Fox. Este documental, nominado en su categoría en los premios Oscar del año 2011, denuncia los problemas que generan las explotaciones de gas en los Estados Unidos, especialmente las relacionadas con la fracturación hidráulica.
El documental tuvo su origen cuando una empresa de gas natural ofreció a Josh Fox una enorme cantidad de dinero a cambio de explotar las tierras de su familia en Milanville, Pennsylvania. El director, extrañado por la desorbitada cantidad que le ofrecían, decidió documentarse sobre el tema y conocer de primera mano a comunidades afectadas por explotaciones de gas natural. Fox encontró familias atormentadas por las explotaciones gasísticas y fue testigo de cómo ardían grifos de agua corriente con solo acercar una llama.
Los críticos de la fracturacion hidráulica advierten de que esta técnica, al menos en el modo en el que ahora se utiliza, puede contaminar los acuíferos con gas y sustancias químicas, poniendo en peligro la salud pública y el futuro de los acuíferos.
Ya en 2004 se produjo una gran polémica cuando la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) dijo en un informe que la técnica no suponía ningún peligro para la salud ni el medio ambiente. La imparcialidad del informe fue puesta en duda por algunos científicos de la propia agencia, encabezados por el ingeniero Weston Wilson, que denunciaron la larga sombra del entonces vicepresidente Dick Cheney, anterior consejero delegado de Halliburton desde 1995 hasta el año 2000. La corporación petrolera Halliburton es precisamente una de las mayores inversoras en gas de esquisto
Algunas ciudades de Estados Unidos, como Buffalo City (Nueva York) o Pittsburg (Pennsylvania) ya han prohibido la fracturación hidráulica en sus territorios. Mientras tanto, la EPA ha anunciado la creación de un nuevo equipo para el estudio de los impactos ambientales de esta polémica técnica, aunque los resultados del trabajo no se conocerán hasta el año 2012. Parece ser que esta vez, sin embargo, la agencia estará más vigilada. El pasado 26 de febrero de 2011, por ejemplo, el diario The New York Times destapaba documentos internos de la EPA y de la propia industria gasística en la que se evidencia que los riesgos ambientales de las explotaciones de gas se han minimizado de forma premeditada.
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