Roma triunfó gracias a una buena gestión del agua

La civilización romana basó parte de su éxito en una buena gestión del agua necesaria para la agricultura, según se deduce del estudio realizado por un equipo internacional de hidrólogos e historiadores. Sin embargo, el crecimiento excesivo de la población y la fuerte dependencia de alimentos en las áreas urbanas favoreció el colapso del Imperio.

El estudio, publicado en “Hydrology and Earth System Sciences”, una revista de la Unión Europea de Geociencias (EGU), ha analizado la gestión que los romanos hacían del agua para tratar de determinar su papel en el desarrollo y declive de Roma.

El abastecimiento de alimento a unos 70 millones de habitantes del Imperio Romano no fue tarea fácil, sobre todo si tenemos en cuenta el clima árido y a menudo inestable del Mediterráneo. Por ello, el grupo de investigadores ha indagado en el papel del agua utilizada para la agricultura.

“Podemos aprender mucho investigando cómo las sociedades pretéritas hicieron frente a los cambios en su medio ambiente”, dice Brian Dermody, científico ambiental de la Universidad de Utrecht (Holanda) y autor principal del estudio.

Los investigadores han querido saber cómo gestionaban los romanos el agua necesaria para sostener su imponente sistema de producción agrícola, y han tratado de determinar el papel del comercio de cereales a la hora de contribuir al éxito de la civilización romana.

Para ello han simulado el tráfico de agua necesario para el sustento de la agricultura, estableciendo una red virtual de agua y sus desplazamientos desde regiones ricas en grano (como Egipto) hasta zonas de alta demanda de alimento, como la propia capital Roma. De esta forma, han establecido un modelo hídrico para calcular la producción de grano, en función de factores como el clima y el tipo de suelos. Utilizando mapas de paisaje y población, han determinado las zonas de alta demanda de alimento y los costes de transporte.

La habilidad de los romanos para unir estos puntos mediante el comercio parece haber sido uno de los factores del éxito de la civilización nacida a las orillas del Tíber. “Si la producción de grano disminuía en cierta región, podían importar grano desde otra zona con mayor producción. Eso les proporcionó una gran resiliencia ante la variabilidad climática a corto plazo”, explica Dermodv.

Sin embargo, el crecimiento de la población y la excesiva urbanización contribuyeron a la caída del Imperio. La alta dependencia las ciudades respecto al grano exterior fue excesiva y empujó el sistema hasta sus límites de producción. La moraleja de esta historia parece evidente en nuestros días. “Ahora nos enfrentamos a un escenario muy similar”, advierte el experto.

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