Uranio: radiografía de un recurso en alza

Mina de uranio. Imagen: Foro Nuclear
El uranio es el combustible que alimenta las centrales nucleares de todo el mundo. Dicen los expertos que su aprovisionamiento está asegurado al menos durante un un siglo, pero es probable que su precio se incremente sustancialmente en los próximos años. Mientras tanto, la mayor parte de las reservas españolas han pasado a manos privadas hace tan solo unos meses.
El vecino 92 de la tabla de los elementos químicos es un tipo raro y algo inestable. Hay dos partes por millón la corteza terrestre. No parece demasiado, es cierto, pero aun así es mucho más común que otros elementos más conocidos. El uranio es, por ejemplo, unas 500 veces más abundante que el oro. Como la mayoría de los recursos, se encuentra distribuido de forma desigual por la superficie terrestre. Sus principales yacimientos están en Canadá, Australia, Sudáfrica, Níger y las estepas de Asia.
Pero este elemento no solo se encuentra en tierra firme. También el agua del mar contiene uranio, unos 3,3 miligramos por cada metro cúbico. Este es, sin duda, un dato que no acostumbran a tener en cuenta los concejales de turismo a la hora de diseñar los paneles informativos de nuestras playas. Sin embargo, no hay razón para preocuparse. El uranio del mar se encuentra tan uniformemente distribuido a lo largo de los mares y océanos de todo el planeta que sus efectos sobre nosotros son nulos. Algunos pronostican que, cuando se acaben las reservas de uranio en tierra, la tecnología habrá avanzado tanto que será posible extraer este uranio marino de forma rentable.
El origen de este uranio no se encuentra en los bidones radiactivos a los que se oponían las zodiac de Greenpeace. Su génesis, al igual que el del uranio presente en la corteza terrestre, se encuentra más allá de nuestro planeta. Se cree que es consecuencia del estallido de supernovas o, tal vez, fruto del mismísimo big bang que dio inicio a nuestro universo.
Sea como fuere, lo cierto es que el uranio, como algunos otros elementos químicos, tiene una serie de propiedades que lo hacen único. Cuando se encuentra aislado en la naturaleza, tiende a desintegrarse lentamente, lanzando partículas alfa a diestro y siniestro. Es lo que se conoce como radiactividad.
El ser humano, desde mediados del siglo XX, ha conseguido controlar este proceso para aprovechar su valor energético. El truco consiste fisionar el núcleo de uranio para provocar una reacción en cadena, consiguiendo que lo que en principio era una desintegración lenta se convierta en una carrera de choques de neutrones.
Su fisión controlada crea energía, pero su fisión descontrolada crea problemas, muchos problemas. Estos pueden originarse de forma inadvertida, como sucedió en Chernóbil o en Fukushima. Pero también pueden crearse de forma premeditada: en este caso el problema se llama bomba atómica o cabeza nuclear.
Pero los militares no emplean únicamente el uranio para fabricar armas nucleares. También hacen uso del llamado uranio empobrecido, un subproducto de la fabricación de combustible nuclear con un nivel de radiactividad más bajo que el empleado en las centrales y en las bombas. La misión de ese uranio no es matar directamente a nadie, sino ayudar a que matar sea más fácil. El uranio empobrecido se emplea como revestimiento de los proyectiles para conseguir que éstos logren gran resistencia y consigan perforar los blindajes del enemigo. Hoy día hay uranio empobrecido, por ejemplo, en los Balcanes. La OTAN sembró el territorio de uranio durante sus bombardeos sobre posiciones serbias en las guerras de la antigua Yugoslavia, como atestiguaron en varios informes los técnicos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
El uranio está en el suelo y puede extraerse, como la mayoría de los recursos mineros, tanto en minas subterráneas como a cielo abierto. Sin embargo, el uranio que sale de las minas no puede utilizarse directamente en las centrales nucleares. Un 99,3% se corresponde al isotopo de Uranio 238. Sólo es fisionable el isotopo U235, que representa el 0,7%. Las centrales nucleares necesitan que el uranio esté enriquecido entre un tres y un cinco por ciento. Para conseguirlo se emplean las centrifugadoras, esas que la mayoría de los españoles de a pie solo hemos visto en la pequeña pantalla como tétrico decorado televisivo de los paseos del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad.
La principal referencia para testar el estado del uranio en el mundo es el conocido como “libro rojo”, un informe bianual publicado desde hace casi 50 años por la Agencia Internacional de la Energía Atómica y la Agencia de la Energía Nuclear de la OCDE. Según el último informe, dado a conocer en julio de 2012, los recursos mundiales de uranio identificados han aumentado un 12,8% desde 2008 y la producción se ha incrementado un 25%, principalmente por la incorporación de Kazajistán al club de los principales productores de uranio. La antigua república soviética ha obtenido en poco tiempo el liderazgo mundial, antes en manos por Canadá y Australia.
Las aproximadamente 450 centrales nucleares que hay en todo el mundo necesitan unas 68.000 toneladas anuales de uranio para funcionar. Sin embargo, estas cifras de producción no bastan para satisfacer la demanda. En 2011, por ejemplo, se produjeron 54.610 toneladas de uranio. La parte restante se consigue del desmantelamiento de los arsenales de la antigua Unión Soviética, gracias al programa “Megatones a Megavatios”.
En 1993 Estados Unidos y Rusia llegaron a un acuerdo para favorecer el desarme nuclear. El tratado establecía que los norteamericanos comprarían el uranio desmantelado de las ojivas nucleares a un precio algo más barato que el del mercado. Este uranio ruso de origen militar ha supuesto aproximadamente la mitad del combustible empleado por las centrales nucleares estadounidenses. Si tenemos en cuenta que Estados Unidos posee casi la cuarta parte de las centrales nucleares de todo el planeta (en noviembre de 2012 hay 104 centrales en Estados Unidos de un total mundial de 436), parece evidente que el tratado ha tenido una gran influencia a la hora de estabilizar los precios del uranio a nivel global.
El acuerdo, sin embargo, caduca en 2013 y es bastante evidente que el equilibrio geopolítico entre las dos potencias no es el mismo que el de hace veinte años. Lejos queda la tasa de inflación rusa del 874% en 1993. En la actualidad el gigante euroasiático no parece dispuesto a renovar este acuerdo, al menos no en las mismas condiciones. Eso hace pensar a muchos que el precio del uranio, una vez haya desaparecido la influencia de las ojivas recicladas rusas en el mercado global, volverá a aumentar de forma muy significativa, lo que ha disparado las especulaciones en torno al uranio. Tal vez en ese contexto ha de entenderse la apuesta que ha hecho Berkeley, una empresa australiana creada expresamente para hacerse con el uranio español.
El uranio en España

En nuestro país es Enusa (Empresa Nacional de Uranio SA) la entidad pública encargada de la gestión del uranio. Creada en 1972, esta empresa se dedicó a explotar el uranio que había localizado en Salamanca y Extremadura la por entonces Junta de la Energía Nuclear (el actual CIEMAT, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas).
Enusa explotó la mina de Saelices el Chico, cerca de Ciudad Rodrigo (Salamanca) desde 1974 hasta 1998. Ahora esa mina se encuentra desmantelada. En esas fechas el Estado español decidió que la explotación de los recursos de uranio españoles no resultaba rentable. Salía más barato comprar uranio fuera que producirlo en nuestro país.
Desde entonces Enusa ejerce como central de compras para las centrales nucleares españolas y además fabrica los llamados “elementos combustibles”, las barras de uranio que se utilizan en las centrales para producir energía. Se trata del último eslabón de la cadena de producción de combustible nuclear. En 2011, por ejemplo, Enusa procesó 5.685 toneladas de uranio, de las que obtuvo 341 toneladas de combustible. Aproximadamente tres cuartas partes de esa producción (234 toneladas) se ha exportado al extranjero.
El uranio enriquecido con el que se fabrica la última fase se compra fuera de nuestro país, al no haber en este momento minería del uranio en marcha. Las compras de este uranio se realizan a las cuatro principales productores: a las empresas europeas EURODIF-Areva y URENCO (la primera francesa, y la segunda con participación holandesa, alemana y británica), a la estadounidense USEC y la rusa TENEX. Aproximadamente el 60% de estas compras se hacen a Europa, un 25% a Rusia y otro 15% a Estados Unidos.
Participación coreana

Cuando en 2008 el Estado decidió que la extracción de uranio podría volver a ser rentable, sacó a concurso la explotación privada de los yacimientos españoles. Un año antes el precio del uranio se había disparado de tal forma que hoy se suele referir a ese año como el de “la burbuja del uranio”. En Europa, los precios corrientes alcanzaron los 121 euros por kilo de uranio, cantidad que quintuplicaba los aproximadamente 22 euros a los que se pagaba en el año 2000.
La empresa australiana Berkeley Resources, a través de sus dos filiales españolas Minera del Río Alagón y Berkeley Minera, se hizo con el control de los yacimientos sacados a concurso. Se llegó a un acuerdo para crear un consorcio junto a Enusa, pero la colaboración entre ambas entidades se rompió, oficialmente por discrepancias en cuanto a la viabilidad económica de los proyectos. Finalmente, y tras denunciar el caso ante los tribunales internacionales, Berkeley ha conseguido el derecho de explotación en exclusiva de dos yacimientos en Salamanca.
Pero estos dos yacimientos son solo una parte del total de 22 permisos en marcha que dispone Berkeley según el Catastro Minero. Recientemente la empresa australiana ha cumplido el trámite de obtener los requisitos de protección radiológica del Consejo de Seguridad Nuclear para estudiar los recursos de uranio del municipio de Calaf (Barcelona).
También en 2007 la multinacional canadiense Mawson Resources solicitó permisos de exploración para dos reservas mineras en la provincia de Badajoz. Sin embargo, el proyecto no siguió adelante porque la multinacional decidió no continuar con las prospecciones. Michael Hudson, presidente y director ejecutivo de la multinacional, explica por correo electrónico que el abandono de los proyectos de Mawson en España fue fruto de un reposicionamiento técnico y presupuestario motivado por la crisis financiera. “Hicimos algunos trabajos primarios exploración en España, pero después de algún tiempo dimos prioridad a otros proyectos en Escandinavia”, asegura Hudson. Desde entonces, la multinacional canadiense busca uranio en Suecia y Finlandia.
Los australianos, sin embargo, han continuado con la apuesta peninsular. Berkeley estima que los yacimientos salmantinos tienen un potencial total de 26.848 toneladas de óxido de uranio, casi cinco veces el volumen que compra anualmente Enusa en el exterior.
En 2010 Berkeley llegó a un acuerdo de financiación con la empresa nacional eléctrica de Corea del Sur KEPCO. La eléctrica coreana se comprometía así a financiar con 70 millones de dólares las inversiones en Salamanca a cambio de una participación en el 35% del uranio obtenido. Si los planes de Berkeley por poner en marcha la minería del uranio en España resultan exitosos, Corea del Sur obtendrá controlará casi un tercio de la producción de uranio español, frente al exiguo 2,5% que le corresponde al Estado en concepto de canon por producción.
Publicado originalmente en Vía52
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